martes 22 de diciembre de 2009

Avatar: bichos azules con mucho tonalli


Ya tocaba ir volviendo a las andadas. En esta ocasión, bajo el título de moda que se gasta Jame Cameron después de sus once Oscars con Titanic. Y sí, el hombre que nos ha dejado perlas como Terminator no se había puesto tras las cámaras desde entonces. Ahora nos soprepnde con un filme moralizante y efectista, una vanagloria de la tecnología digital que perfectamente podría haber quedado mejor, según mi humilde opinión, en dibujos animados directamente. Y es que más que una película de acción real, parece eso, una cinta de animación.

En el año dos mil ciento y pico, la humanidad ha hecho lo que está haciendo con su planeta pero claro, sumad 100 años (si es que llegamos) a la situación actual. El caso es que, como en Gundam, se crean colonias y naves espaciales para atravesar el universo y llegar a un planeta en plan selva salvaje en el que abunda el coltan espacial, la madreselva y un sinfín de bichejos, entre ellos unos larguiruchos azulados en plan tribu amazónica. Pues los humanos molamos tanto que, a base de ingeniería genética, logramos elaborar un proyecto de investigación para hacer a esos humanoides artificiales y conntrolarlos mentalmente a través de nuestra potencia y la fe en el progreso (más optimismo tecnológico en bandeja, por favor). Así que un marine cuyo hermano espichó hacía poco, inválido y cazurro, se embarca en el desarrollo de dicha iniciativa y, sin preparación alguna, recibe un tipo azul y larguirucho. Se integra con una tribu autóctona y, a pesar del rechazo que sufre al principio, se acaba haciendo de los suyos. Pero claro, los humanos somos garrapatas para todo. Así que los marines toman cartas en el asunto y deciden derribar el lugar en el que habitan los larguiruchos, se cepillan a medio poblado y luego claman venganza, batalla épica y final feliz. Entre medias, abuso de moralidades ecologistas a saco y estereotipos trilladísimos en cuanto a personajes y desarrollo del metraje.

La película en sí, todo sea dicho, no vale un carajo. Por muy cara que sea, no vuelve a ser más que contar la historia de siempre, con el aliciente de que su estreno coincide con la cumbre del clima esa de Copenaghe que no ha valido más que para ver que se sigue dando colchón de conformidad a los países pobres para que no revienten pero se les sigue comprando la mierda que se expulsa a la atmósfera para que no se sigan desarrollando y las potencias occidentales y occidentalizadas se puedan seguir nutriendo económicamente. Es el círculo vicioso que ha servido para sustentar el sistema y no conseguir el objetivo primordial que debería ser ante todo eso, primordial, no porque haya una preferencia concreta, sino porque o lo acatamos o nos jodemos. Y no creo que la gente esté por la labor de mudarse a Marte a sobrevivir en cúpulas (volviendo de nuevo a trillar esa tesis de oprimismo tecnológico que ya no se cree ni el Tato).

En fin, vayamos, después del venazo crítico, a lo que más le gusta a la gente que lee estas entradas: el análisis comparativo y los retorcimientos mentales que sólo yo puedo sacarle a este tipo de cosas. Analizándolo desde una perspectiva historiográfica ecléctica fruto de pocos años aún de estudio (y pésame decirlo, pero absolutamente influenciada por una ideología posmoderna radical) pues podemos equiparar este capítulo del cine, el más caro hasta el momento, con los típicos procesos de conquista, con su resistencia y su alegato insaciable del "vive y deja vivir" que este paradigma de la globalización ha consumido en casi la totalidad del mundo. Partiré desde un caso que tengo ahora muy de moda en mis debates con la almohada: el proceso de la conquista americana. Sí, la del siglo XVI, sin ir más lejos, es un ejemplo perfecto de lo que podría asumirse. Claro está que una colonización del tipo anglosajón quedaría mejor al caso, por la absoluta aculturación que se pretende vender y tal, pero es que la similitud a los pueblos prehispánicos que habitaban el continente americano lo veo más acertado, pero también es que conozco mejor ese caso y, qué demonios, me encanta ese tema. Podría equipararse a cualquiera de las tribus del Amazonas, pero con un componente ideológico bastante similar al que nos topamos en las civilizaciones mesoamericanas (de las que he acabado teniendo un mejor conocimiento antropológico). Nos encontramos entonces en este punto con un mundo vinculado a lo natural: todo esta entrelazado con todo. La relación existente entre este pueblo de larguiruchos azules con rostro y gestos gatunos no es más que una idea de lo que estas poblaciones (o al menos de lo que se tiene constancia de ellas) entendían por unidad con el medio: las divinidades en las civilizaciones mesoamericanas representaban el culto a lo natural, ya fuera a la lluvia y el agua, al viento, al fuego, al maíz, a la muerte... La típica reacción mítica ante lo que no se sabe de su origen. Este pueblo adora monoteístamente a una sola entidad que engloba todo eso: las plantas, los animales, etc a través de una conexión permanente entre todos los elementops del medio. Y así es como funcionan. El caso es que un buen día llega el elemento extraño: el extranjero venido de muy lejos para hacerse con el oro. En este caso, el coltan espacial cuyo nombre en la peli no recuerdo. Así que nada: sometimiento, aculturación y explotación. Eso sí, antes los acojonamos, como el divino y extremeño Quetzalcóatl cuando llegó a Tenochtitlán y empezó a tirar las estatuas del templo de Huitzilopochtli por ser una herejía contra los designios del Señor. Las comparaciones son odiosas, pero también vemos cómo, a falta de unos tlaxcaltecas a los que unirse, los conquistadores ven su trasero pateado ante la combinación de fuerzas de toda la naturaleza y los tiparracos azulados. Bonita elegía a que no debemos interferir en las culturas primitivas ajenas, a lo sumo enviarles a un antropólogo y que, a través de un método comparativo a la Binford con los inuits, se analicen sus costumbres y sus modos de vida.

En fin, lo que hace el aburrimiento... Es que tengo el ordenador en el taller y me toca tirar de divagaciones para sobrevivir. Bueno, al menos así se adelanta trabajo, que estas navidades tengo lo no escrito para currar y pasármelo pipa. Aunque poco hemos adelantado estos días. En fin, felices fiestas a todo el mundo si no llego a escribir nada por aquí estas navidades (a lo mejor, si el señor Feyerabend no fuese tan sumamente denso en sus exposiciones sobre los escasos conocimientos de óptica de Galileo y la poliopía de Kepler...). Pues eso, que a pasarlo bien, no atraganntarse con los mantecados y las uvas, y recordad dedicarme un brindis (de anís si puede ser, por la nostalgia de Basti).

miércoles 9 de diciembre de 2009

Spice & Wolf II: la venganza de Horo


Siguiendo en mi línea de reseñas de series que terminamos recientemente en Tanoshii, aquí va otra, la secuela de la historia de la lobita manzanófila y su maromo. Similar a su antecesora (por algo es la segunda parte), cabe destacar sobre todo el cambio de estudio a uno de mis favoritos, Brain's Base, el estudio de magníficas maravillas como Baccano!, Natsume Yuujinchou o Kamichu! (aunque el cambio quizás no haya sido tan a bien, porque la serie se gasta una QUALITY apabullante).

La cosa comenzó sobre mayo de este año, con el anuncio de una OVA que al salir nos dejó a todos con cara de gilipollas al ser del relleno más vil y rastrero (en definitiva, de lo que va la mitad de la serie: ver a la lobita borracha, de resaca y haciéndose la tsundere con Jun Fukuyama). Luego en verano llegó la serie. La osa venía a ser más conflictos entre la loba y su acompañante, y éste le sigue el juego de una manera visceral porque se nota a la legua que está coladito por ella (tras los acontecimientos de los últimos episodios de la primera parte). Pero esta vez tocaba enfrentarse a un chavalín de alta cuna que quería robarle a su orejuda waifu, así que todos se pusieron como locos a traficar con la pirita. Le salió bien la jugada fluctuando con unas leyes de oferta y demanda bastante aleatorias y se quedó con su Horo. Así que tocaba proseguir el camino al norte. Y en el norte nada más y nada menos que tenemos un convenio de comerciantes de pieles que preparan la Revolución Francesa. Así que Lawrence y su acompañante furry se meten en más entuertos con una traficante de oro blanco que tiene chanchullos con la Iglesia y pasan movidas muy raras y el último capítulos es una arbitrariedad absoluta que no tiene ni pies ni cabeza. Soy un friki de la economía medieval y me quedé de piedra al ver lo que sucedió (aparte de la monumental fumada que se gastaron con el chanchulleo de la rubia).

En definitiva, la serie que pudo ser y no fue, arrancando interesante con el drama y demás, pero quedándose a medio camino. No tan encantadora como la primera temporada, pero sí que me quedo con el OP de ésta, que te vende el oro y el moro en la serie, pero que luego defrauda un poco más. Aunque bueno, siempre nos quedará buscarle los tres pies al gato, como los personajes que aparecen destacadísimos en la secuencia de apertura y a lo sumo aparecen en dos o tres ocasiones en el segundo arco y tal. Eso en cuanto a la trama, luego ya en cuanto a equivalencias históricas con la realidad... partiendo de que ese universo parece formado por una infinidad de ciudades-Estado al más puro estilo italiano bajomedieval, pues... pues nos damos cuenta de que todas son unas furcias porque llevan el pelo sin cofia, suelto y al aire, ¡para que los comerciantes machorros tengan con quien disfrutar la noche, pero eligiendo entre un gran elenco! En fin, qué se puede esperar de una serie de ambientación en la que el protagonista parece un macarra de instituto de los ochenta. Aun por todo esto, es una serie potable, entrañable y entretenida, pero es que yo soy de los que buscarle tres pies al gato, y sencillamente, también le acabé cogiendo un poco de tirria con eso de tener que laburarla y tal (y después de haberme visto como tres veces la primera temporada).

Y nada, ya sólo queda esperar una futura tercera temporada... y los interesantísimos especiales de los BluRays, con emocionantísimas sesiones de aerobic que se marca Horo. ¡Esencia pura y dura del comercio! Puto paradigma de la globalización...

domingo 6 de diciembre de 2009

Procesualismo fervoroso

Quiero compartir con mis lectores una curiosa cita de una experiencia que el arqueólogo estadounidense Lewis Bonford tuvo el placer de presenciar (sacado de Teoría arqueológia. Una introducción de Matthew Johnson, pp. 39-40. Barcelona, Ariel, 2009).

Recuerdo un día que un típico estudiante del profesor Griffin volvía de una salida de trabajo a la parte alta del valle de Illinois. Había entrado en el museo con el anuncio de que había encontrado un objeto "único", una vasija pintada en negativo. Griffin se interesó lógicamente por el hallazgo y Papworth dijo adelantándose: "Déjamelo ver". Tomó la vasija, la miro y la lanzó al suelo y la pateó hasta dejarla reducida a añicos. "Esto es lo que pienso de tu ejemplar único". Griffin tuvo un shock, al estudiante casi se le salieron las lágrimas y yo me reía interiormente. (Binford, An Archaeological Perspective. 1972, pp. 130-131).

Graciosa anécdota que hace entender bien las diferencias entre la arquología tradicional y la Nueva Arqueología en los años sesenta en el panorama estadounidense. Por cierto, el libro del que saqué dicha anécdota es 100% recomendable.

martes 1 de diciembre de 2009

ToraDora!: Troll + Drama


Slowpoke anime reviews strikes back. Y esta vez con uno de los peces gordos del año pasado, nada más y nada menos que ToraDora! (tigre-dragón). Resta decir que quien no la conozca a estas alturas de la película vive debajo de una piedra. Y la verdad, en cierto sentido, me alegro de no haberla visto cuando tocaba, si no me tocaba verla dos veces como otros muchos casos se han dado (cosas de índole fansuberil). Lo primero a destacar es que esta serie ha sido de capaz, a pesar de su oversubbeo, de juntar a dos de los grandes fansubs en castellano (según la crítica) para hacer una versión que he revisado personalmente (y eso no es que le dé ninguna categoría de calidad o algo, pero vamos, que ahí he estado metido "en su puesta a punto"). En fin, egolatradas aparte, pasemos a hablar un poco de la serie y la impresión que me ha causado.

La serie comienza como una típica comedieta de romance que tanto abundan ahora mismo en el panorama de la animación japonesa, siendo una serie de JC Staff y con su ídolo ahí como seiyuu protagonista de nuevo en el papel de una enana tsundere sin tetas. Asío, resulta que conoce a un chaval con cara de mastuerzo que en el fondo es un cacho de pan al cual le gusta su mejor amiga, pero a la par a la enana chillona le gusta el mejor amigo del chaval. Total, tigre y dragón se compenetran para conseguir ambos sus objetivos amorosos. Hasta que la cosa empieza a torcerse y a degenerar sobremanera, transformando a los personajes radicalmente. Podría dedicar otra entrada entera a la evolución de los cinco personajes más destacados, pero en fin, eso sería prolongar esto lo improlongable, y quiero tirar por otros derroteros. Total, la trama pasa a denominarse "drama" por unos, "deep" por algunos, "troll" por otros, "shit" por los más radicales (y quizás los que más se acercan a la realidad...). En fin, que del batiburrillo de opiniones se saca en claro "trolladorama". Enfocándose así, puede parecer que la cosa es intragable y que la cosa pasa de ser una entretenida y agradable comedieta romántica a un culebrón venezolano de sobremesa. Y como ya sabemos todos, no puedo evitar caer en la tentación de dichos culebrones, y acabé enganchado a la serie. Quizás por otras razones que me pondré ahora mismo a justificar, que luego se me tiran las piedras sin haber soltado palabra.

La razón fundamental por la que es odiada y detestada esta serie seguramente es por su giro dramático, abusivo para mi gusto, pero significativo en el desarrollo de la serie. Parece ser que el final ha sido de nuevo invento del estudio, así que poco tiene que ver con el de las novelas en que se basa dicha serie. Aunque también hay manga y VN con finales más... alternativos. La cosa es que este cambio nos muestra, de forma siempre muy exagerada, lo que tiene ser un adolescente. Aparte del aliciente de disfuncionalidad familiar que le meten al caso de nuestros dos protagonistas, también cabe destacar que, salvando las distancias con la realidad, se tocan temas que los chavales de instituto suelen tener siempre presente, al menos, los chavales que no son de esta grotesca generación "nini" (ni estudian ni trabajan) y que forman parte del pensamiento débil borregil del panorama de la globalización que impera en el mundo estos días. Si hay inquietudes, surgen este tipo de problemas, y más si hay rollos amorosos de por medio, que la gente tiende a idealizar, y que en el fondo lo que hacen normalmente es agravar esa sensación de "¿qué hago yo aquí?". Aunque claro, siempre es más fácil acabar viviendo como un "simple mind" que tratar de hacerse preguntas de un tipo algo más existencialista. A mí me pasaba, y ahora gracias a ello, esty bastante corroído por los debates epistemológicos en torno a la teoría del conocimiento y la realidad (gracias señor Feyerabend por torturarme por las noches). Lo que vengo a decir prioritariamente es que, siempre y reitero esto de siempre salvando las distancias, esta serie es un reflejo bastante acertado de la mentalidad que los adolescentes, al menos desde mi punto de vista, suelen tener. Es difícil ser joven. Dicen las buenas lenguas que serán los mejores años de tu vida. Permítanme objetar: una polla. Cierto es que si hay inquietud, hay sufrimiento por saber qué va a ser de mí cuando todo esto acabe. La cosa está muy mala y no exagero. Al menos mi panorama es bastante oscuro, lo sé de primera mano porque en estos años me estoy jugando mucho y soy terriblemente consciente de ello. No es algo que precisamente sea una cosa para disfrutar y olvidar, que luego llegan los llantos después de las risas. Así que nada, tocará hacer de tripas corazón y seguir desviviéndose por un incierto futuro mejor.

Vuelvo a incidir que todo esto no es más que una percepción absolutamente subjetiva de la realidad por mi parte. ¿Me equivoco y exagero? Muy posiblemente, pero prefiero afianzarme ahora antes de que se me caiga el mundo encima. Y es muy pesado. Así que yo recomiendo tomarse las cosas un poco más en serio y no acabar siendo adicto al gran hermano y a hacer de tu vida social el botellón y la discoteca. En fin, me ha salido más una declaración de intenciones (otra vez) que una reseña de una serie de dibujos japonesa. Bendita juventud y maldito neoliberalismo.

domingo 29 de noviembre de 2009

First Squad: The Moment of Truth


Hoy toca resumencillo, tras acabar con el infame libro de Popper, no del mismo, sino de una película que vi hace unas semanas pero que con motivo de mi participación en la versión de Tanoshii me veo obligado a spamear por aquí. Una película del 4ºC Studio basado en la Rusia sovietista de la Segunda Guerra Mundial, que tanto gusta por muchos lares, incluido el fansub de los divertidos.

De qué trata la cosa esta: pues una muchachita que ha sufrido las vicisitudes de la guerra se topa con que tiene que evitar que unos fantasmas invocados por los nazis se venguen del pueblo ruso por lo que les sucedió hace 700 años (al más puro estilo Alexander Nevski, pero sin relación alguna). Así que, contando con que pertenece a la Sexta División, que trajina con movidas de espiritimo y demás paranormalidades ikerjimenezcas, ha de luchar por la victoria del bando "de los buenos". Guachi, ¿verdad? Pues más mola la versión extendida con todo ese personal contratado para soltar esas tonterías en mitad del metraje, a modo de especificativos en mitad de una oración.

Curioso además ver su discurso teleológico y bastante historicista, que no histórico. Pero vamos, efecto Malditos Bastardos. Más o menos sigue ese rollo: basado en el momento histórico, uso de paranormalidades para vender y dar morboa quien le guste relacionar ambos temas y demás cosas del palo. En el fondo, la cosa podría estar mejor, pero dejando ese precioso cliffhanger al final, quién sabe, lo mismo dentro de unos años. Destacar que la peli está doblada en ruso para darle más morbo al asunto, aunque alguna gente lo acusará como contextualización, así que bueh.

Faltaría más que el nene, tras cursar Historia de Rusia el año pasado, se quedara meramente en lo superficial del metraje. Como ya se ha comentado, es algo basado en la Segunda Guerra Mundial, ese periodo por el que la gente suele excitarse y enfrikarse por el mero hecho de que han visto un par de películas (Salvad al soldado Ryan y Enemigo a las puertas principalmente y más recientemente) o han jugado a algún juego relacionado (sagas como Call of Duty, Medal of Honor, Company of Heroes, Commandos y del palo). Así, la gente se cree de una forma muy frankmilleresca lo que no debería asumirse así, a través de una ideologización considerable del mismo acontecimiento por parte de potencias interesadas en mantener así su estatus con ello. Y la gente pica. No, no estoy haciendo apología del nazismo (¡ni mucho menos!) sino simplemente advirtiendo de algo que he visto muy presente, que es el fijarse prioritariamente en la épica y la emoción de la guerra y tal. Partamos de la primera premisa: las guerras son todas una mierda, donde no salen vencedores, sólo víctimas (de todo tipo) y dejan en una situación deleznable al panorama internacional en general, y más concretamente sobre a los que ha incidido directamente. Una putada en toda regla. Sigo sin comprender qué morbo (no me lo explico de otra forma) le ve la gente a eso de cuatro tíos con metralletas inflitrándose en un base enemiga y pasando a cuchillo a gente que le ha pillado por las razones que sea en una situación que lo mismo ni siquiera les importaba porque tenían otras cosas en mentes y por culpa de los positivistas de sus dirigentes, han acabado en una situación inexplicable. Tendencias generalizadoras de nuevo, ¿o entramos en el debate de si generalizamos o especificamos? Bien está analizar estrategias militares, conocer el armamento y equipo de los soldados, las consecuencias del conflicto... ¿pero qué tiene vanagloriarse de disfrutar de la destrucción y la muerte? Me recuerda a un sujeto que antes de la guerra cantaba a los cuatro vientos un gracioso "¡abajo la inteligencia, arriba la muerte!" ante nuestro querido Unamuno, el cual acabó saliendo escoltado del recinto tras el fervor despertado por la muchedumbre falangista que vio cómo replicaba al discurso anterior con toda su sorna y razón. Es lo de siempre, verle el lado malo a las cosas antes que sacarle la moraleja. Hay que exprimir un poco más las neuronas. No expongo aquí que sea antital o anticual, sino más bien la incredulidad que me produce ver el éxito que ha tenido algo que debería mantenerse como un mal recuerdo como algo digno de recreación constante y con alicientes. Olvidar no se ha, pero todo tiene un límite, y sinceramente, no me gusta nada el cariz que toma este asunto en concreto y en general. Estamos en una sociedad muy bélica y de una tendencia regresionista a la ideología del XIX que abruma y me acojona. Aparte de que vaya usted a saber de dónde se documentan al respecto de todos estos sucesos, que hay escrita mucha, pero que mucha literatura que contribuye además a esto, no sólo difundida por internet, sino novelada por doquier en todo tipo de publicaciones. Y siempre vende. En fin, en otro momento me dará por volver a estos temas que ahora abordo, porque sinceramente, creo que es algo de lo que se debería hablar y tener más presente para evitarlo en su medida de lo posible, o al menos, darle un giro a la visión que se tiene de ello.

miércoles 25 de noviembre de 2009

Viaje a Madrid: Museo de América 20/11-21/11


Bueno, ahora que pillo un ratillo para escribir (en realidad he tenido más, pero la pereza me ha podido) pues expongo acontecimientos recientes e irrelevantes de mi vida diaria. Pues este pasado fin de semana fui con la asignatura de Arte Prehispánico a Madrid a ver el museo de América. Es raro, paso por la capital española con relativa bastante frecuencia (dos o tres veces al año, dependiendo de la coyuntura, y por periodos de hasta dos semanas) y nunca había visitado este museo. Y la verdad, llegados a este punto, me alegro de que así haya sido, pues en esta primera visita he podido disfrutar de una magnífica colección de arte prehispánico de América que me ha permitido pasármelo en grande en un museo. Hacía bastante que no me lo pasaba tan bien (cosas de tener la fortuna de poder visitar un par de veces al año el Prado) en un museo. Ahora explicaré por qué, primero los pormenores.

Bueno, el caso es que aprovechando esta asignatura (bendita LCE) preparé el macuto tras una práctica más prolongada de la cuenta de arqueología (con la correspondiente bronca de mi madre) y partimos hacia la ciudad del señor Gallardón. Allí me hospedé en casa de mis tías, a las que desde aquí mando un saludo y agradezco de nuevo su amabilidad (y ese Halperin guapetón que me costearon y que algún día os reseñaré). Haciendo noche con la tarde libre que nos dejaron, pues aproveché (poco acertadamente) para recuperar algo de horas de sueño. Así que a la mañana siguiente tocaba irse al edificio que pilla por la zona de Moncloa y darle un buen repaso a su colección.

Resaltar que al decir maravillosa, me quedo algo corto. Simplemente, me encantó todo lo que tenían allí: etnografía, cerámica (destacar la mochica por sus particularidades y la nazca por su acojonante acabado y decoración), elementos varios, una exposición de tejidos y las reproducciones facsímiles de un códice maya y el mexica de Tudela (que, además, un estudiante de la Escuela de Antropología e Historia de México nos comentó a un pequeño grupo de rezagados que queríamos saber un poco más sobre la cultura azteca). Salí absolutamente anodadado, pero porque me encantan estas cosas. Ahí arriba me podéis ver al lado de una estatua de algún bichejo mitológico maya (si es que se reconoce algo, porque el bicho estaba un poco corroído). Luego a destacar, una urna funeraria maya y la cabecita de piedra verdosa de un dios olmeca. Soy un puto friki de lo mejicano, lo reconozco, y por eso os dejo aquí una piedra del sol con las cinco épocas y el calendario mesomaericano. A disfrutarlo sanamente, aunque disculpad la mala calidad de las fotos (cosas de que no dejasen echarlas con flash y tenga un pulso tan rancio, de ahí que las fotos de la cerámica nazca no hayan salido como esperaba, pero siempre os quedará vuestro buen amigo el Google).

Bueno, resaltar que se notó un poco (al menos yo lo noté) que era uno de los primeros viajes que hacía con una clase de estudiantes de arte, ya que no iba con mucho conocido en el viaje, aunque siempre se puede trabar algo de relación (en especial, en el largo viaje en autobús), pero bueno, al menos íbamos ahí un par de aprendices del CEAB, así que... ¡bastetanos al poder!

domingo 1 de noviembre de 2009

Filosofía de la Historia: proyecto de relectura

Al son de la hermosa música que genera la compositora japonesa Yoko Kanno me dispongo a redactar otra reseña más de una de esas lecturas obligatorias de las que me mandan en la facultad. En esta ocasión, es el fantabuloso libro de la asignatura Métodos y técnicas de investigación histórica, esa preciosa y maravillosa asignatura que nos obliga a debatir sobre la percepción de la realidad a través de la perspectiva de la ciencia positivista y sobre su significado y repercusión. Sí, somos gente muy propensa a pensar en cosas desfasadas (no sé qué esperar de unos estudiantes de historia aplicados...). En fin, ralladas aparte, la verdad es que yo he venido aquí a hablar de este libro, cuyo título a priori es, a lo sumo, sugerente a su manera a la par que, en cierto modo, acongojante por los dos sustantivos que lo componen.

Y es que ciertamente, este libro va sobre... bueno, difícilmente podría hablar de lo que va, ya que es una de esas lecturas que uno hace con una cierta base al respecto de la historia del pensamiento contemporáneo y con considerable conocimiento sobre la intelectualidad europea de dicha época, especialmente de las distintas tendencias no ya historiográficas sino corrientes del pensamiento más variado. Por eso he decir que, aparte de ser una lectura dura de por sí, me ha superado esta vez y no he logrado captar toda su esencia. Aun así, ha habido momentos de auténtica inspiración lectora que he disfrutado, pero han sido los menos, ya que las lagunas que este texto podría despejarme siguen, en su mayoría, patentes en mi mente. Así que nada, tocará replantearlo para la próxima, pues una lectura tan densa a estas alturas supone un esfuerzo considerable de atención y reflexión, cosa que en soporíferas sesiones de lectura no he conseguido afianzar. Por eso he de decir que no me he neterado apenas de nada de lo que he leído.

Un párrafo entero para replantearme el volver a leerlo y tratar de hincarle el diente de una manera mejor y con más devocióm, porque esta lectura no es recomendable así a priori, pero sí a un considerable posteriori, porque... joder, qué cosa de libro. Es árido como él solo, pero instructivo. Y eso le hace una lectura bastante seca y con demasiado depósito de información, aparte de estar escrito por un filósofo que lo que hace es acusar más su perspectiva de conocimiento hacia este enfoque, resultándome un poco más desorientado hacia mis principales percepciones de interpretación y comprensión.

Bueno, intentando hacer una recapitulación, pues podría decirse que trata sobre distintas perspectivas que se han tenido desde diversos autores y planteamientos ideológicos a lo largo de la contemporaneidad de eso que se llama Historia. Más bien, una evolución de la ciencia de investigación e interpretación de la historia, desde posturas historicistas a los debates más recientes del posmodernismo pasando por perspectivas marxistas y diversas críticas fundamentales a las corrientes ya superadas o en fase de superación. Se habla de varios autores (de influencia marxista sobre todo) que suponen una renovación de las miradas al pasado y a su forma de estudiarlas, con una orientación más tendente a la teoría que a otra cosa.

En fin un libro chungo a fin de cuentas para una asignatura bastante... particular. En especial por su planteamiento y en definitiva por su contenido. A ver qué tal se da el comentario...

sábado 31 de octubre de 2009

Allegro ma non tropo

Voy a hacer una declaración y una afirmación como historiador en potencia que todavía soy: me he convertido en un gran admirador de Carlo Maria Cipolla. Y no sólo por sus Tres historias extravagantes o por ser un catedrático de historia económica con un amplio espectro de trabajo, sino por ser sencillamente tan genial. Y para apreciar su genialidad, quizás donde mejor se refleje sea en esta obrita, una maravilla que debería ser lectura obligatoria en la secundaria, bajo mi siempre humilde punto de vista. Desde que el profesor de Arqueología general lo recomendase, me entró más curiosidad aún, y la verdad es que no resulta para nada reprochable dicha recomendación. Aparte, ahí queda pendiente la lectura sobre Papalagi...

Se compone de dos partes bien diferenciadas: en la primera parte nos narra ese proceso el cual denominamos comúnmente como Edad Media a travérs de su gran motor histórico: la pimienta. Así, elabora una desternillante sucesión de acontecimientos en tono satírico y bastante bonachón de cómo el desarrollo de dicha época estaba supeditado a esos elementos tan irrisorios en principio y tan suntuarios a su vez como la especia picante, el vino o el puro vicio. Creedme que jamás he leído una tesis sobre el comercio en la edad media con la que me hubiese reído tanto. La segunda parte quizás sea un poco (o mucho más) irónica que la primera, con un estudio a modo de parodia del método sociológico sobre la estupidez humana. Tremendamente abrumador y revelador.

Todo esto que menciono hay que leerlo para entenderlo. Es toda una experiencia volcarse en esta lectura, rápida y muy placentera, en la que no dejarás de aprender un montón de cosas y que además, pasa un buen rato. No voy a decir que sea altamente recomendable, sino que si algien tiene la oportunidad de echarle un vistazo y leerlo, que se lo lea. El resultado no decepciona ni creo que deje indiferente a nadie. No diré más, pero volveré a insistir a pesar de resultar cansino en su lectura, ¡no me seáis positivstas y leéroslo, coño!